¡Las caídas también son parte de la aventura!

Mi hijo es un intrépido aventurero. Apenas tiene un año y ya se pasa el día corriendo y riendo de un lado para otro, y he de admitir, que los pequeños tropiezos están a la orden del día.

Cuando nuestros pequeños empiezan a caminar descubren una nueva perspectiva del mundo, ven todo desde un nuevo ángulo y habitualmente se empeñan en ir tan rápido como cuando gateaban, pero claro, como no tienen la suficiente destreza para hacerlo, se caen, se tropiezan o incluso se lían con sus propios pies. Es normal, las cosas se aprenden con la constancia y aunque tengan sus caídas, éstas le servirán para aprender.

Sabemos que como padres no es fácil ver como nuestros hijos se tropiezan, pero recuerda, para ellos es el momento de lanzarse a la conquista del mundo sobre sus piececitos.

A continuación, te mostramos algunos consejos para dar alas a nuestros pequeños y no sufrir demasiado durante el proceso:  

No te agobies

Cuando mi hijo se cae, intento no dejar que los nervios me ataquen. Le miro y le digo “Oh, no, vaya pupu”. Si está de buen humor, se sacude y sigue adelante, olvidando en un tiempo record lo que acaba de pasar. Si por el contrario está cansando, llora hasta que le consolamos. Es importante que nuestros hijos sepan apreciar la gravedad de cada caída; es importante enseñarle que no con todas las caídas es necesario gritar para que mamá y papá le consuelen.

Observa las señales 

Cuando mi pequeño aventurero tiene una buena caída, su llanto es más fuerte y largo y eso sí, es sinónimo de dolor. Esto probablemente variará dependiendo del bebé, pero aprender a identificar una lesión real y un grito de frustración puede ayudarte a lidiar con diferentes situaciones.

Detecta los peligros

Las esquinas en punta, los muebles con muchos cajones, los huecos de la escalera… Como padres debemos hacer todo lo posible para mantenerlos alejados de los grandes peligros. Estamos entre dos etapas, la del recién nacido que estaba relativamente tranquilo siempre y un niño que tiene la necesidad de explorar todo lo que le rodea. Y es precisamente esta etapa la requiere supervisión constante. Hay muchos trucos por ahí, pero lo mejor es tener un ojo encima de ellos.

No debemos preocuparnos por los pequeños moratones

Trabajo fuera de casa por las mañanas, con lo cual, cuando vuelvo hay muchas veces en las que me encuentro con un nuevo moratón o rasguño. Procuro no preocuparme demasiado, ya que sé perfectamente que es el resultado de un intenso día de juego para él. A veces, incluso después de estar todo el día juntos, veo que tiene un nuevo moratón y me doy cuenta de que no tengo ni idea de cómo ha llegado ahí.  

El niño necesita descubrir el mundo, necesita libertad para explorar. No significa que de repente nuestro angelito se vuelva un diablillo, es que descubrir todo lo que puede hacer él solito es fascinante para él. Aún no conoce el miedo y su afán será probar todo lo que le llame la atención. Por eso, como padres debemos darle alas, pero a la vez, estrechar la vigilancia y tratar de evitar los potenciales peligros. Por lo demás, recordad, relajaros y ¡disfrutar de cada gran paso!

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